Evangelio del día

Evangelio según San Juan 16,29-33.
21/05/2012 00:53

Sus discípulos le dijeron: “Por fin hablas claro y sin parábolas.
Ahora conocemos que tú lo sabes todo y no hace falta hacerte preguntas. Por eso creemos que tú has salido de Dios”.
Jesús les respondió: “¿Ahora creen?
Se acerca la hora, y ya ha llegado, en que ustedes se dispersarán cada uno por su lado, y me dejarán solo. Pero no, no estoy solo, porque el Padre está conmigo.
Les digo esto para que encuentren la paz en mí. En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo”.


Palabra del Señor


Comentario

Vivimos ayer con una alegría especial la fiesta de la Ascensión. El Señor vuelve a su Padre y nos deja una misión "Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena noticia a la creación"

Nosotros, como sus discípulos, también podemos decirle "Al fin hablás claro"; ahora entiendo lo que me pedís; sé de qué voy a hablar; tengo las herramientas para hacerlo; Vos me diste poder para hacerlo. Sin querer podemos correr el riesgo de creer que el Señor nos ha confiado semejante tarea porque nuestra fe es madura. Centrados en los signos que nos acompañarán en la misión, podemos confundirnos y pensar que en el fondo, todo depende de nuestro esfuerzo.

El Señor, con su infinita misericordia, nos ubica en nuestra realidad frágil. "¿Ahora creen?" nos dice.

Él conoce más que nadie, aún más que nosotros mismos nuestro interior. Sabe de nuestras buenas intenciones al comienzo del día y de cómo el camino de la alianza, va siendo cambiado por otras opciones en las que Su Amor no está siempre presente. Entonces al encuentro personal con Él le gana las urgencias del día; a la certeza de que el otro es sagrario de Jesús, la cambiamos por el enojo, la envidia, el desencuentro; al anunciar el evangelio a tiempo y a destiempo, lo remplazamos por la opinión de turno, a la convicción de que Él habita en nuestro corazón, le gana la falsa idea de que Él se desentiende de nosotros. En finsabe que somos limitados y que tras habernos montado en "supervidas importantes", muy fácilmente nos gana el desánimo, al ver que podemos muy poco.

A pesar de esta realidad y por el empecinado amor que nos tiene nos dice palabras llenas de confianza y de esperanza para seguir caminando "encontrarán la paz en mí". Jesús ha vencido al mundo desarmándolo con el amor. Ha elegido lo que cuenta a los ojos de Dios y perdura en la vida, no lo efímero. Y este mensaje es el que deja a sus discípulos y a nosotros como "testamento espiritual".

La solidez de la relación con Dios emerge en la hora de la prueba, cuando nos encontramos solos ante Dios y, de improviso, se diluyen los apoyos humanos y las grandes ilusiones. Entonces es cuando se manifiesta dónde está apoyado de verdad nuestro corazón: en nuestras propias seguridades o en la Palabra del Señor, en el abandono total en él. La fe se purifica en las pruebas y en la soledad, y nos introduce en el camino de Jesús, que afirma: "Yo no estoy solo, porque el Padre está conmigo", y nos hace considerar seriamente las palabras de Jesús: "Tengan valor: yo he vencido al mundo".

La prueba y las tribulaciones pertenecen también a un proceso de maduración, porque nos hacen entrar en nosotros mismos, allí donde siempre podemos descubrir nuestra vocación de estar "solos con Aquel que me amó y se entregó por mí", de anclarnos en aquel que nunca nos abandonará, con aquel a quien, juntos, aclamamos en los Salmos a menudo como nuestra roca, nuestro refugio, nuestra defensa, nuestro baluarte, nuestro consuelo.

Si nos detenemos ante la Palabra, veremos que en esta semana se nos invita a permanecer en oración junto a María. Ella nos confortará y nos mantendrá unidos a Jesús para que el Espíritu Santo nos ayude a madurar nuestra fe.

El es un pedagogo que nos conducirá por el camino de la verdad. Bastará con seguir sus inspiraciones, con descubrirlo actuante y presente en lo cotidiano, invitándonos a entrar en toda la verdad: la verdad de mi vida, de mi historia, de lo más íntimo de mi propia intimidad… Él nos irá susurrando lo que reciba de Jesús, que a la vez es regalo del Padre. El Espíritu conoce de procesos, de caminos de maduración, de tiempos de crecimiento… porque es la Sabiduría de Dios.

Pidámosle a la Madre que interceda por cada comunidad del centro, por cada hermano para que el Espíritu haga maravillas a través de nosotros.


Silvia Mastropaolo, Comunidad de Vida 2 – smastropaolo@gmail.com
(comentario del Evangelio según San Juan 16,29-33, 21/05/2012)